La declaración de la colina

Publicado el 8 de agosto de 2026, 13:14

Esta es una de las enseñanzas que se extrae del conocido pasaje del sermón de la montaña. Hay muchas más porque episodio da mucho de sí ¿Sabías que las bienaventuranzas no son 8 ni 9, sino 13? Encuentra las que te faltan leyendo éste capítulo completo.

(…) Íbamos detrás de Jesús porque nos considerábamos necesitados y cada uno, en sus oraciones, mendigaba y rogaba en sus letanías por lo que le faltaba. Se podría decir que éramos mendigos de todas clases. Entre los que estábamos en la ladera de la colina, podías encontrar ancianos que creían que no les quedaba más que esperar a la muerte y jóvenes que esperaban más de la vida; individuos muy inteligentes que querían aprender y otros limitados que les bastaba y sobraba con escuchar; hombres de fe en busca de la verdad absoluta y desengañados que les bastaba con tan sólo un poco de autenticidad; revolucionarios tras una causa honesta que perseguir y pacíficos en post de la paz que el mundo les negaba; pobres en busca de lo que les faltaba y ricos en busca de lo mismo; marginados reclamando atención y un puesto en la sociedad que los dignificase, y gente influyente deseosos de pasar inadvertidos y que alguien reparase en su persona y no en su cargo; pecadores al encuentro de comprensión, beatorros en busca de un espíritu más terrenal; forajidos con un pasado que olvidar y desesperanzados refugiados en su pasado para sobrevivir; mujeres exigiendo su lugar en el mundo, y niños buscando simplemente un sitio donde poder jugar; inconformistas en busca de la esencia de su rebeldía y conformistas tratando de sacudir sus conciencias y despertar; fracasados sin nada que perder y triunfadores hastiados de ganar… ¿Qué era lo que teníamos en común gente tan dispar y qué era lo que nos hacía reunirnos entorno a Jesús? Yo creo que todos, en el proceso de sincerarse con uno mismo y renunciando a la trampa de querer engañarse también a uno mismo, nos reconocíamos pobres necesitados y le pedíamos más a la vida. En cierta manera le seguíamos como pedigüeños que se conformarían con una limosna que les procurase sobrevivir un día más, pero Jesús, desde la ladera del monte, nos ofrecía la oportunidad de salir de pobres y de sabernos afortunados. Aun escuchando todos las mismas palabras de Jesús, cada cual se reflejaba en ellas de forma diferente y cada uno descubría aquello que necesitaba para orientar su vida. No es difícil imaginar cómo latían nuestros corazones al escuchar el mensaje universal de amor, perdón y libertad que nos desvelaba: que éramos bienaventurados y protagonistas en una misión ambiciosa y fascinante como lo era la construcción del Reino del Padre en la Tierra. Querido leyente: ¿Puedes sentir que tú también eres bienaventurado cuando creías que eras simplemente un triste mendigo? (…)

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J.Sanchez
hace un mes

Jesús llama a los pobres, a los más necesitados y miserables, a tener esperanza en un futuro mejor, o siquiera a tener un futuro sea, el que sea. Personalmente no creo sea un futuro en el "más allá" sino en ese momento y en esa tierra. El Reino, su reino, el de dios y su pueblo. Muchas son promesas y aquí se entenderá que pueden llover del cielo o que hay que "cambiar" para que se hagan realidad.

La adúltera indultada

Este es un final del capítulo titulado "La mujer adúltera indultada" que puedes comentar.  Te invito a leer el capítulo completo que, aunque probablemente sepas lo que en él ocurre, espero te sorprenda cómo se cuenta lo que ocurrió.

(...) El amor cambia las cosas poco a poco, lentamente, imperceptiblemente; pero el perdón las hacer cambiar de forma drástica, inmediata e incluso inesperada. Cuando el destino estaba escrito con un final al estilo de las más dramáticas tragedias griegas para aquella adúltera con sello de autenticidad, cuando parecía que ya no había ninguna esperanza para aquella pobre mujer tirada en el suelo que no se levantaba asumiendo su triste y hasta merecido final; llega el perdón y lo cambia todo de manera imprevista. Cuando parece que ya no hay esperanza, que las relaciones humanas se han enredado y enrevesado tanto que todo apunta a que ya no existe solución posible, el perdón puede cambiarlo todo en un instante y ofrecer una nueva oportunidad. Ahí está el perdón, ahí está la solución al alcance de cualquiera que quiera hacer uso de él. Ahí está el sol, dando comienzo con cada amanecer a un nuevo día ofreciéndose para vivir una nueva oportunidad para cambiar lo que no nos gusta de nuestras vidas o, por qué no, toda nuestra vida. Nunca es tarde: mañana volverá a amanecer y nos ofrecerá una nueva oportunidad. Y cuando abras la ventana o la puerta de tu casa, el día hará su presentación con su ofrecimiento: si el viento viene del monte, traerá el aroma del tomillo y el espliego; si llovió, el olor a tierra mojada; si viene del este, la humedad de la brisa marina; pero siempre huele a fresco porque cada día es nuevo. De ti depende inhalarlo para vivir o simplemente respirarlo para seguir viviendo; ambas cosas parecen lo mismo pero no lo son: la diferencia la puedes poner tú.

Los que no saben amar, solamente ven pecadores sucios e impuros por todos los lados a los que juzgar y condenar; mientras los que aman simplemente ven seres humanos a los que disculpar por lo que son capaces de ver en los ojos de los infelices que se han complicado la vida por sus debilidades, siguen siendo seres humanos puros como el más fiel cumplidor de los mandamientos de las leyes de Dios y de los hombres. Sólo los que aman saben perdonar, y los que no perdonan es que no saben lo que es amar.

Y la mujer se marchó, pero no creo que volviera a su casa, porque dudo mucho que su marido tuviera la comprensión de la que hablaba Jesús. Y hablando del marido, nadie se cuestionó la parte de culpa que pudiera tener él: quizás, si hubiera querido a su mujer como es debido, tal vez ella no habría optado por tomar esos derroteros. ¿No podría ser ella víctima en vez de culpable? Jesús no se lo preguntó porque no le importaba: como demostró, lo único que le importaba era ella, su persona, su salvación de una muerte segura. Los fariseos tampoco se lo preguntaron porque lo único que les importaba era castigarla. Total, que como nadie se lo preguntó, nadie lo supo jamás. Nadie supo si volvió a pecar o no. Nadie supo si solamente evitó su muerte al librarse de la lapidación o si también salvó su vida y encontró la felicidad. Nadie supo lo que dibujó Jesús en el suelo. Creo que eso no lo supo ni Él.

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J.Sanchez
hace 2 meses

Me pregunto si aquel capaz de perdonar, no ha necesariamente sido también sujeto del perdón. Es decir, si para saber perdonar en algún momento ha necesitado experimentar la sensación de ser perdonado, de ser querido de nuevo, aceptado otra vez. Me gustarái creer que incluso en Jesús eso fue así, que El también metió la pata -los puristas dirán que pecó- y necesitó la comprensión y el perdón. Esto le haría a mis ojos mas humano, mas real y mas Dios.

P.Cabanillas
hace 2 meses

Me ha dado que pensar eso de que hay gente que sólo saben ver lo negativo en los demás mientras otros lo saben disculpar. Me ha gustado la diferencia que haces en cuanto inhalar o respirar el aire


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Miguel
hace un mes

Todos los libros sobre Jesús de Nazaret son pocos. Dios es algo infinito y dará lugar a infinitos libros. Lo que más choca es como un judío del siglo I pudo decir las cosas que dijo y eso es lo que nos hace sospechar que es Dios. En el libro ese asombro sobre Jesús se ve muy bien