Blog - Un viaje hacia la reflexión personal

Adéntrate en éste blog, donde cada artículo es una invitación a la reflexión y al debate. A partir de ciertos contenidos propuestos de "El descubrimiento del códice XIV - El sexto Evangelio", exploramos temas espirituales, sociales y filosóficos que te animarán a profundizar y enriquecer tus propias creencias. Queremos que cada lectura te impulse a profundizar en la dimensión espiritual humana, dimensión que a menudo se descuida cuando no se ignora.

Las parábolas: cuentos para niños y enseñanzas para adultos

El lenguaje de Jesús era sencillo y directo. Sus parábolas era una invitación a la reflexión personal. Esta sería la forma en que se dirigiría a la gente. El próximo día publicaremos un ejemplo.

La gente sencilla que escuchaba a Jesús se asombraba de las cosas que decía y de cómo las decía, y llegaban al fondo de sus corazones porque no eran sólo palabras: Él hablaba siempre desde su experiencia al tiempo que su forma de vida hablaba el mismo lenguaje de sus palabras. Además, en sus charlas, Jesús compartía su sabiduría exponiendo lecciones prácticas sobre la vida, huyendo de cualquier planteamiento teórico. Esa coherencia y pragmatismo era lo que llamaba la atención de todos frente a la palabrería vacía y con frecuencia incongruente, cuando no contradictoria, de sacerdotes, fariseos, políticos y demás charlatanes vendedores de sueños y quimeras, a los que estaban acostumbrados a escuchar.(Mt 7, 28)

Sus palabras se convertían en una nueva realidad con su forma de vida; y esa nueva realidad transformaba esa pequeña porción del mundo por la que sus pies pisaban. Invitaba a los demás a que hicieran lo mismo; y allá por donde pasaba, la gente que esperaba algo más de la vida, se le unían y transformaban a su vez el mundo a su paso y a su alrededor. En eso consistía la llegada del Reino de Dios a la Tierra que Jesús anunciaba como una realidad ya presente y que Juan Bautista profetizó ignorando su verdadero alcance. La esperanza era contagiosa.

Jesús se hizo popular, entre otras cosas, por sus parábolas. Le gustaba hablar de las cosas importantes y también de las complicadas utilizando ejemplos de la vida cotidiana para explicarlas de forma sencilla y por tanto comprensible para cualquiera. Se explicaba contándonos parábolas, que eran una especie de cuentos con historias, algunas inventadas, otras tal vez no. Era la mejor forma que encontró para llegar a todo el mundo que tuviese una mente abierta y un corazón expectante. Cualquiera podía entender esas historias. Todas ellas tenían un mensaje y la intención de hacernos pensar y reflexionar. Es más: a cada uno le podía decir una cosa distinta dependiendo de cada persona, de sus circunstancias o del momento que cada uno estuviera viviendo.

Por eso se decía que las palabras y las parábolas de Jesús tenían vida, porque eran como semillas de un árbol, que cuando germinan y crecen, cada uno tiene su forma y tamaño diferente, con su personalidad propia, sin dejar de pertenecer a la misma especie. Toda conclusión era respetable y toda reflexión era válida siempre que se abordara con el corazón limpio. Aquello era enriquecedor. Jesús no nos trataba como lo hacían los letrados y sacerdotes en las sinagogas, que nos decían lo que teníamos que creer y lo que no, lo que teníamos que pensar y lo que no, a quién querer y a quién no, lo que teníamos que hacer y lo que no. No, Jesús nos trataba con respeto. Con respeto a nuestra inteligencia, a nuestro momento personal, a nuestro proceso de maduración individual… en definitiva: respetando nuestra libertad y por tanto confiando en cada uno de nosotros. La gente corriente del pueblo no estábamos acostumbrados a que confiasen en nosotros. Por supuesto que dar libertad y confiar tiene un riesgo, pero merecía la pena asumirlo si lo que se pretendía era llegar a lo auténtico, a la verdad. La verdad: menudo tema éste. Es curiosa la querencia que tiene el ser humano a creerse el centro del universo y abonar su ego pretendiendo apoderarse de la verdad para hacerla exclusiva suya. Pero nadie puede estar en posesión de la verdad absoluta porque es demasiado grande como para poseerla toda. De ahí, la razón de ser de las cosas sencillas, como las parábolas: nos permitían acercarnos a la verdad, pero no para poseerla, sino para aproximarnos a ella, tratar de entenderla y formar parte de ella poco a poco. Los relatos sencillos de las parábolas eran para ser interpretados y aplicados por cada uno y a cada uno, y nos acercaban a la verdad de la vida misma que, será muy grande, pero es sencilla.

Los sesudos intelectuales del momento que vivían de complicar las cosas en gruesos volúmenes con sus divagaciones, enseguida apreciaron competencia desleal en las parábolas. Así se cumplió el oráculo de un profeta, de cuyo nombre no logro acordarme, que decía así: “abriré en parábolas mi boca, publicaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo”. (Mt 13, 34-35) (Lc 13, 3) (Mc 4, 2) (…)

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Comentarios

J.Sanchez
hace 4 días

La gran virtud de las parábolas es hablar de cosas, utilizando efectivamente ejemplos de la vida cotidiana, que para el receptor de las mismas pueden contener un mensaje oculto o no interpretable por el resto de la "comunidad" que está "fuera". Una forma de decir cosas peligrosas sin declaralas directamente evitando asi la confrontacion. No es de extrañar su abundancia en los evangelios canónicos.

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